Autor: CARLOS PARMA (Doctor en derecho, Doctor H.C., Magister, Especialista en docencia, Profesor Titular de derecho Penal).

Eje temático: Contribución para la paz en la comprensión de un ser humano vulnerable.

Institución: Universidad del Aconcagua (Mendoza).

Palabras Claves: Menor, Vulnerabilidad, Miedo, Encierro, Paz.

 ABSTRAC:

La problemática del menor en conflicto con la ley penal es multicausal y multidimensional. Su historia personal se ensambla con la desnutrición infantil, el maltrato intrafamiliar, el desapego afectivo, la pobreza extrema, la droga temprana, el hacinamiento habitacional, la repitencia educativa, la notoria influencia de pares negativos, el alcohol, la discriminación y la hipoculturización,entre tantos  factores exógenos y endógenos etc.. En este lacerante contexto los menores se encuentran –además-  negativamente influenciados por los medios de información, que desde mucho tiempo atrás han dejado traslucir su mezquino interés económico difundiendo cuanta noticia  o programación tenga “raiting”, lo que –de suyo- implica abandonar cualquier tipo de formación humana y trascendente en favor de la adolescencia y del futuro.

Doloroso resulta advertir que el Estado Argentino  ha decidido desde hace  más de cuatro décadas “suicidarse”, precisamente por haber soslayado la prevención como política sustancial de estado. Es una realidad tangible: cuando se abandona la prevención se activa la represión.

A pesar de los bien intencionados intentos  de “inclusión social” continúa habiendo una marcada merma en educación, vivienda, salud y trabajo. Este vacío genera en el joven socialmente vulnerable una miopía de futuro. Esto hace que  la escala de valores y teleológica se reduzca a lo cotidiano, banal o lo que es peor a su “supervivencia”. Surge así la violencia como un emergente de las necesidades básicas satisfechas, ramificándose en lo social, cultural, familiar, educativo e institucional. Desde allí también se generan “los miedos” que han llegado para quedarse y  se han colocado en el vórtice de la problemática juvenil. No sólo el miedo como estado emocional negativo generado por el peligro o la agresión grave e inminente de los unos “contra” los otros, sino miedo a todo,  hasta miedo al miedo.

La paz es posible en tanto el semejante sea visto como una esperanza y no como una amenaza. La piedad, comprensión y empatía deben ser un faro en la construcción social. La seguridad sustentable un camino necesario para vivir en coexistencia pacífica.

“EL MENOR NO ES UN PROBLEMA MENOR”.

1 . LOS MIEDOS Y NOSOTROS. 2. DIME QUE CARCEL TIENES Y TE DIRE QUE SOCIEDAD QUIERES. 3. LA PAZ ES POSIBLE SOLO CON ESPERANZA HUMANIZADA.  4. PROPUESTAS .

 1 . LOS MIEDOS Y NOSOTROS.

El aumento desmedido de la violencia en todas sus formas y la violación sistemática a Derechos elementales y humanos, ya sea por acción, omisión o exclusión, conviven entre nosotros.

El tráfico de mujeres y niños, el maltrato intrafamiliar, el narcotráfico, la discriminación, la esclavitud laboral, el creciente índice delictivo y el abuso sexual son una de las tantas formas en que se expresa la bajeza humana y en su especificidad la violencia. En el vórtice de este flagelo están las víctimas de carne y hueso, inmersas en una sociedad que aspira utópicamente a ser justa, igualitaria, solidaria y –de suyo- profundamente humana.

Ante la presencia de teorizaciones, argumentos eruditos de la academia  y contestaciones baladíes de la política, se encuentra el dolor de quienes sufren injustamente una agresión  y deben “seguir viviendo”, gracias a su propia resilencia adaptándose al trauma o la adversidad, fabricando  emociones positivas  para respuestas cognitivas saludables. Tal temperamento no deja de sorprender a quienes aun contando con prolongada experiencia en la materia, observamos víctimas de tragedias tienen activados circuitos neuronales (sinapsis)  que le otorgan una “neuro plasticidad” positiva y por ende salen del problema fortalecidos.

La primera obligación impostergable e imprescindible que le cabe a la academia universitaria  en este mal endémico, es la de  crear espacios de reflexión que sirvan no sólo para comprender esta compleja problemática social sino para dar respuestas prácticas y concretas desde el punto de vista  de la seguridad sustentable, proponiendo medidas legítimas y efectivas en el combate contra cualquier forma de violencia El cenit debe ser que el joven no es una amenaza sino una esperanza.

Es cierto que la violencia causa dolor en las víctimas aunque paradogicamente también se vuelve contra los agresores. No es extraño entonces que muchos adolescentes estén “condenados” a que su vida se acorte por motivos criminológicos endógenos (droga, desnutrición, etc.) o exógenos (exclusión, hacinamiento, etc.). Estos factores -como idea criminológica- cobraron fuerza después de la mitad del siglo XX cuando se empezaron a examinar las variables sociodemográficas y económicas  que controlaban ciertas áreas geográficas con desventajas sociales, déficit en servicios públicos, muchos inquilinos por vivienda, sin prestaciones de seguridad social, desorganización familiar, etc.

La precariedad con que viven muchos actores sociales no debe establecer una excusa para delinquir ni servir tampoco a título de inculpabilidad. Admitir este postulado sería abrir un espacio de inter acción violenta, un abismo espiralado, cuya herida incicatrizable siempre la soporta la víctima. .

La seguridad sostenible es una condición esencial para el efectivo goce de los derechos humanos. Sin embargo nuevos y sofisticados miedos quiebran el equilibrio inestable de la seguridad, es decir ese Don que nos hace sentir que el “otro” no nos va a atacar.

Los miedos forman parte de lo cotidiano: miedo a salir a la calle, miedo a perder el  trabajo, miedo al tránsito vehicular, miedo a que una bala asesina nos abrevie la existencia, miedo al futuro, miedo al extranjero –que es el diferente-, miedo a la reacción de los violentos, miedo a quedarse solo y curiosamente miedo a la pareja, miedo a pensar, miedo a tener miedo.

El miedo es un estado emocional negativo generado por el peligro o la agresión grave e inminente y es clave para la toma de decisiones.

Centralmente el miedo se asocia a la supervivencia pero el ser humano le agrega emociones, puntualmente sentimientos. Un pequeño núcleo de neuronas situado en los lóbulos temporales del cerebro es crucial en la detección y expresión de las emociones: la “amígdala”. La amígdala es una “alarma” que se activa frente a un peligro concreto y obliga al cuerpo a una respuesta inmediata.

Efectivamente, cualquier acción –aun en un cuerpo inerte- genera una reacción, pues como se sabe científicamente – 3ra. Ley de  Newton- las fuerzas de acción y reacción tienen la misma magnitud y en sentidos contrarios. En la interacción humana la regla sufre al menos dos importantes correcciones: una es la irritabilidad que hace que el agente sufriente pueda contestar el agravio con un tenor mucho mayor al recibido y por otro lado la imaginación que nos puede hacer contestar una agresión que no existió.

Este universo conjetural nos puede hacer ver que el señor que obstaculiza momentáneamente el tránsito es  un enviado que nos quiere hacer perder el trabajo pues llegaremos tarde por su culpa. Ni que hablar de aquellos que conviven con las “catástrofes” pensando todas las cosas malas que pueden suceder, por ejemplo que “el picaporte esté envenenado”.

Se ha afirmado que “el miedo es el conocido sentimiento de desagrado ante la perspectiva de un mal, unido al impulso a librarse del peligro, no a combatirlo”, aunque más sencillo es creer que el miedo es siempre a lo desconocido o ignorado.

Estos miedos cotidianos e individuales tienen su muestra en lo colectivo. A su vez ese reclamo permanente y virulento se transforma en normas que siempre son represivas, pues a la política no se le ocurre realizar tareas en el plano educativo o de salud mental. La contestación espasmódica es lo que prevalece y así estamos: de mal en peor.

Las llamadas sociedades de “riesgos” hacen que ya existan conductas esperables de parte de las víctimas y se les recrimine, cuando esto no sucede, su “autopuesta en peligro”. Resulta alarmante que un Juez diga lo que un sujeto debió o no debió haber hecho cuando estaba apuntado con un arma. Esta versatilidad de ponerse en lugar del otro para decidir, fue por demás conocida en la dogmática jurídico penal con el arribo del “finalismo” que, con base en la libertad humana, entendía que el hecho delictivo era reprochable cuando pudiendo obrar de otro modo el imputado no lo hizo.

En prieta síntesis nadie puede afirmar científicamente como obraría una persona ante tal o cual emergencia. Ni uno mismo podría hacerlo.

La clave para determinar las actitudes en las víctimas  será “la toma de decisión”, lo que de suyo se inserta dentro de los enigmas del cerebro. La evidencia sin embargo nos enseña que decidimos en base a LAS EMOCIONES, lo que implica asegurar científicamente que áreas del cerebro se activan antes del control evaluativo o racional (estudios de Benjamín Libet). La neurociencia se ha encargado de estudiar exhaustivamente el área orbitofrontal, involucrada íntimamente en el proceso de toma de decisiones (área emocional), sin descartar luego aquellas que aparecen en relación cognitiva (corteza prefrontaldorsolateral y dorso medial).

Es tos miedos llegan a nosotros por contacto directo o bien por narraciones o imágenes. Aquí aparece un factor que prevalece, que domina: los medios de comunicación. Estos  sin límite alguno incrementan a diario la sensación de inseguridad. Así se afecta otro mecanismo cerebral usado de protección: la ansiedad.

Si el miedo es el que detecta el peligro concreto, la ansiedad se anticipa, dependiendo de habilidades cognitivas. Esta ansiedad vislumbra escenarios posibles en el futuro y  también recrea eventos del pasado que podrían haber ocurrido. En síntesis la ansiedad es un instrumento útil para resolver los problemas antes que sea tarde, es decir invita al ser humano a estar preparado antes que el peligro llegue. La pregunta impostergable sería porqué en Europa y en las grandes ciudades latinoamericanas las enfermedades, síndromes y males productos de la ansiedad desmedida son comunes.

La neurociencia se ha encargado de estudiar afondo este fenómeno posmoderno, demostrando que el miedo paraliza a sociedades enteras y es caldo cultivo de los autoritarismos (sólo basta recordar los textos de Hobbes o las dictaduras latinoamericanas del siglo XX).

Esta paranoia se torna prontamente colectiva, De todo se sospecha y en nada se confía de tal manera que el prójimo pasa a ser una amenaza y no una esperanza.

Ocurre que ciertos sectores sociales o grupos etarios parecen “apasionadamente miedosos”. En este sentido se puede decir que “la pasión es en el orden afectivo lo que la idea fija en el orden intelectual”[1]. Esta “fijación puede responder a un  miedo primitivo, inconsciente, instintivo, que tiene por base la denominada “memoria afectiva”.

Este miedo mayúsculo  –como se anticipó- se asocia con el espacio urbano, pues las elites económicas han creado ciudades dentro de las ciudades, un sitio fortificado donde obviamente el pobre queda segregado. Se parte de la idea que entre áreas electrónicas computarizadas, con bancos de datos y policía privada el miedo se reduce pues el terror queda afuera. Pagar para tener seguridad, cuando el Estado recauda incansablemente dinero que debería destinar a la tranquilidad pública, es una vuelta al medioevo donde el miedo se ha hecho “carne”  observándose en los grandes centros urbanos casas “amuralladas”, barrios enteros “fortificados”, en un permanente estado de “hiper vigila” y autorreferenciados.

 2.DIME QUE CARCEL TIENES Y TE DIRE QUE SOCIEDAD QUIERES.

“Lo ven, lo miran, lo estudian, lo discriminan, lo persiguen, lo atrapan, lo trasladan, lo encapuchan, lo interrogan, lo vejan, lo procesan, lo condenan, lo encierran, lo matan, lo entierran… lo bendicen”. (Carlos Parma)

El alto grado de promiscuidad y hacinamiento de todo el sistema carcelario de mayores y menores no es un argumento baladí a la hora de  definir si es posible la rehabilitación del interno. La superpoblación de los lugares de encierro y el aumento estrepitoso de los índices de delictividad nos muestran un panorama por demás agorero en la materia, específicamente porque la palabra prevención –como anticipé- parece ser la eterna ausente a la hora de tomar decisiones ejecutivas en el plano político.

No hay una toma de conciencia, ni de la política, ni de la sociedad en general, que los lugares de encierro sean para rehabilitar o resocializar internos. Son vistos –lamentablemente- como un depósito de cuerpos donde se espera, es decir se pasa el tiempo.

Se ha sostenido incansablemente dentro del derecho penal que la pena es un mal para otro mal (Kant, Hegel). Tal vez en base a ese estructurado fundamento se acepte esta irrazonable consecuencia que es no más que “una amarga medicina”[2]. Sin certeza y con ausencia de comprobación científica, la pena no ha podido gritar a los cuatro vientos que su función rehabilitadora se cumpla. Y si esta creencia se consolida, lamentablemente coincidirá con la sensación intuitiva del vulgo: la cárcel en vez de rehabilitar perfecciona al delincuente[3].

En el otro costal están las víctimas: madres, niños… gente en general sencilla. Muchos viven sumidos en la introspección, el desconsuelo y el quebranto, y desde allí  esperan el desenlace. Ansían  tal vez que alguien les “devuelva algo”, que alguien los “consuele”, que se les restituya la “esperanza”, pues como se sabe la víctima sufre física, psicológica, espiritual  y socialmente a consecuencia de la agresión[4] a la que es sometida.

Científicamente no se alcanza a comprender como en las cárceles prácticamente en su totalidad habitan personas que son pobres. La historia del derecho penal (inquisitiva) ha tenido siempre el rumbo de llenar las prisiones con “los diferentes”. Hoy la situación no es diversa pues -en expresión de Stiglitz- “la globalización tal como está  siendo gestionada ha traído algunos beneficios, pero distribuye inequitativamente, no solamente el ingreso, sino también la criminalidad”[5].

Parapetados en sentimientos discriminatorios y totalitarios, los cultores de la represión a mansalva han diagramado la idea de “enemigo”. Tal expresión la identificarán con la de delincuente, por lo que éste no tendrá derecho alguno: deberá ser combatido. Tamaña inhumanización encuentra hoy respaldo en la doctrina del derecho penal a la que se la denomina “derecho penal del enemigo”[6], donde el hombre es concebido como un “animal peligroso”[7].

Tal pensamiento vejatorio encriptado en leyes y política criminal no podrá construir una sociedad justa que se jacte de un espíritu elevado y solidario. Tal vez deberíamos emerger desde la utopía de Elías Neuman: “La cuestión consiste en remplazar los muros, cerrojos y toda clase de aseguramiento drástico, por la propia conciencia… hacer presos de su conciencia”[8].

3.LA PAZ ES POSIBLE SOLO CON ESPERANZA HUMANIZADA.

La paz es necesaria. El ser humano debe reencontrarse con el ser humano. Debe ver a su semejante como una esperanza y no como una amenaza. Es categóricamente cierto que el hombre persigue fines, que es potencialmente artífice de su propio destino y así se presenta ante nuestros ojos: libre, germinal y jugoso[9]. Como sujeto “dinámico de valores” el hombre se realiza a sí mismo mediante el juicio moral y la acción correspondiente[10]. Es de advertir  que el pensamiento de San Agustín prácticamente es negado en la academia contemporánea, pues hay palabras que han sido dejadas de lado en el estudio científico del derecho penal (léase amor, piedad, caridad). En referencia puntual a la piedad Vattimo ha trabajado in extenso ese concepto, elevando el “pensamiento débil” contra las estructuras fuertes, creadas, dirigidas y propiciadas en un manejo de adoctrinamiento por los propios medios de comunicación[11]. La pietas vattimiana es entendida como una capacidad de escuchar los mensajes del pasado de forma nueva. Se trata de una virtud auditiva a la “salvación” de las huellas de la finitud y como relación no-violenta con lo vivido mediante un cuidado y una atención actual a los entes en su proveniencia histórica y en sus apariencias. Podría decirse que las pietas nacen del “amor por lo viviente y sus signos”.

La violencia cierra puertas, destruye los caminos del encuentro. La paz en cambio es abrir esa puerta que debimos haber abierto ya hace mucho tiempo. Es la construcción de puentes.

El hombre, bizarro y gozoso, debe elevar su espíritu ante la majestuosa presencia de los Derechos Humanos, promoverlos y defenderlos incansablemente, en todo tiempo y lugar,  para poder así instalar este nuevo y necesario paradigma[12], que nos deje finalmente creer que un mundo mejor es posible sólo en paz, en convivencia, evitando el litigio, la discriminación.

4.PROPUESTAS.

Construir un ámbito permanente de debate en la difusión de la problemática de la paz como valor esencial. En esta dirección fomentando un diálogo constructivo entre las instituciones encargadas de la seguridad sostenible, integrantes del poder legislativo, ejecutivo y judicial, Universidades, organismos de la sociedad civil, Municipalidades, Clubes deportivos, etc.  sobre temas relacionados con la seguridad sostenible  y el respeto por los derechos fundamentales de la persona desde una perspectiva transversal de los derechos humanos.

Propiciar y diseñar la realización de actividades académicas y de extensión tendientes a incluir la formación de estudiantes, profesionales, docentes y personal de apoyo y de gestión, para desarrollar una conciencia social que permita trabajar por el bien común, conociendo la problemática del encierro (en especial de la minoridad), las consecuencias del delito y la necesidad de la paz social. Promoviendo la cooperación entre organizaciones no gubernamentales que trabajen por la seguridad sustentable contra cualquier forma de violencia o discriminación.

Desarrollar y estimular un pensamiento crítico que permita generar nuevas propuestas y estrategias en pos de un mejoramiento de la situación actual de los grupos vulnerables (niños, ancianos, mujeres, etc.). Acrecentar la responsabilidad social universitaria en la promoción de la Seguridad Sostenible y los Derechos Humanos.

La solución no es imposible y sólo comenzará cuando se consolide un espíritu positivo, solidario e inteligente que haga abrir la puerta de la tolerancia, la empatía y el diálogo fraterno, para colocar una luz en el camino de la fe, de la esperanza, de un mundo mejor, que es el mundo de la paz.

CARLOS PARMA

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[1]RIBOT,  “Theodule,,Psicología de los sentimientos”,  Editorial Albatros, Buenos Aires, 1.945, p. 37;.

[2] PARMA, Carlos, “Código penal”, Tomo I, Ediciones Jurídicas Cuyo, Mendoza, 2005, ps. 41 y ss.

[3] PARMA, Carlos, “Derecho penal convexo”, Edición Academia Boliviana de  Ciencias, La Paz, 2008, p. 13.

[4]MARCHIORI, Hilda, “La víctima del delito”, Editorial Lerner, Córdoba, 1990; pág. 12 y 13

[5] “El delito en la Argentina post – crisis”, Kaminsky, Kosovsky y Kessler, del Prólogo de Elías Carranza, editorial sociedad Impresora Americana, Buenos Aires, 2007, ps. 8. ”

[6] PARMA, Carlos – MANGIAFICO, David, “Derribando muros”, Editorial de la Universidad del Aconcagua, Mendoza, 2009, ps. 21 y ss.

[7] El tema se encuentra extensamente desarrolla por mí en: “Roxin o Jakobs” Quien es el enemigo en el derecho penal, Ediciones jurídicas Andrés Morales, Bogotá, 2009 y en “El pensamiento de Günther Jakobs”, Ediciones jurídicas cuyo, Mendoza, 2001.

[8] NEUMAN, Elías; “Prisión abierta. Una nueva experiencia penológica”, en “Revista del Centro de Estudios Criminológicos, Mendoza, nro. 3, Mendoza, 1968, p. 162.

[9]PARMA, Carlos; “Culpabilidad – lineamientos para su estudio -;  Ediciones Jurídicas Cuyo, Mendoza, 1997, p.69.

[10]QUILES Ismael; “Filosofía de la persona según Karol Wojtyla”;  Editorial Depalma, Buenos Aires,1987, p.10.

[11]Para G. Vattimo las ideas de la posmodernidad y del pensamiento débil están estrechamente relacionada con el desarrollo del escenario multimedia, con la toma de posición mediática en el nuevo esquema de valores y relaciones. En su libro La sociedad transparente (Paidós, Barcelona, 1990; en portugués, A sociedade transparente, Edições 70, Lisboa, 1991) advierte sobre el papel determinante de los medios en este cambio histórico en las formas de organizar el pensamiento social y cultural. Los medios se han convertido en difusores de verdades parciales, contrapuestas, diversas, complejas, en ningún caso guiados por objetivos ontológicos o de narraciones unitarias del suceder histórico.

[12] PARMA, Carlos; “Víctimas. Estado de situación”; Ed. ARA, Lima,  2003, p. 655.